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Hagamos del Quindío un departamento puntero, exitoso y ganador.

El índice Departamental de
Competitividad (IDC) que elaboran el Consejo Privado de Competitividad y la
Universidad del Rosario, basado en datos cuantitativos procedentes de fuentes
oficiales agrupados en trece pilares y 102 variables, constituye una valiosa
herramienta para medir el desempeño del sector público y privado en las
regiones y presentar un diagnóstico del desarrollo competitivo de Bogotá y los
32 departamentos. Como novedad, en la versión 2020 – 2021 se introdujo por
primera vez los resultados del Censo de Población y Vivienda de 2018 que aporta
información actualizada que reemplaza las proyecciones del censo 2005, por lo
que, según sus autores, los resultados de este año no son comparables con los
anteriores.

En la publicación se observa que Bogotá,
Antioquia y Valle del Cauca ocupan los tres primeros lugares, y que Risaralda y
Caldas son quinto y séptimo respectivamente, más atrás está Quindío, en el décimo
puesto, con un puntaje de 5,6 sobre diez, similar al obtenido en la medición de
2019. Como lo verdaderamente importante es el puntaje y no el puesto, separaré
los trece pilares del índice teniendo en cuenta si su calificación es menor o
mayor a seis, bajo la presunción, poca ortodoxa por demás, de que esto podría
ser un referente para ver qué pilares aprueban o reprueban el examen de la
competitividad.

Al respecto, el 61,5% de los pilares tienen
puntajes entre 4,2 y 5,7: Mercado laboral (4,2), Sistema financiero (4,8), Sofisticación
y diversificación (5,0), Tamaño del mercado (5,1), Sostenibilidad ambiental
(5,2), Adopción TIC (5,3), infraestructura (5,6) e Instituciones (5,7). El resto
de los pilares están entre 6,1 y 6,9, así: Innovación y dinámica empresarial
(6.1), Salud (6,3), Educación superior y formación para el trabajo (6,3), Educación
básica y media (6,7) y Entorno para los negocios (6,9). Es de señalar que
Entorno para los negocios, que se mide con base en el Estudio Doing Business y tiene
el puntaje más alto, no se realiza desde 2017.


La reflexión.

Estos resultados del IDC 2020 – 2021
para Quindío deberían motivar un debate sobre la competitividad que nos lleve
a reorientar el rumbo, superar los impactos que la pandemia ha causado en la salud,
la economía y la calidad de vida, y enfrentar los desafíos de la transición
tecnológica y digitalización, apropiación de la innovación, aumento de la
productividad y todo lo atinente al desarrollo productivo, razones por las
cuales me permito enunciar tres consideraciones generales:

1) No nos debemos conformar, como dicen
algunos, con estar en el top diez de la competitividad del país. Según
la RAE, Top es un adjetivo en inglés que significa
«que está situado en la parte más alta o en el extremo
superior de algo
» y, en sentido figurado, «superior en calidad o importancia». De ahí que no es consecuente afirmar que hacemos parte de
los departamentos ubicados en la parte alta del escalafón de la competitividad,
cuando el 61,5% de nuestros pilares tienen una calificación inferior a seis
puntos, dos de ellos por debajo de cinco, resultados precarios para un territorio
con el potencial que tiene el Quindío, opinión que también aplicaría para aquellos
pilares con puntajes ligeramente por encima de seis.  

Pero lo realmente crítico es que estos
resultados de media tabla se presentan desde la primera versión del IDI en 2013,
cuando el Quindío ocupó el puesto décimo con un puntaje de 4,6. Si bien pasamos
de 4,6 a 5,6 en ocho años, es preciso tener presente que en 2018 hubo cambios
en la metodología que produjeron un incremento, de un año a otro, de 4,6 a 5,5.
Por tanto,
lo peor que puede pasar es que nos acostumbremos a tener resultados
discretos en competitividad
, pues así no vamos a lograr una verdadera
reactivación de la economía ni mucho menos alcanzaríamos las tasas de crecimiento
requeridas para superar la pobreza y alcanzar bienestar.

2) Es necesario hacer una evaluación
profunda por parte de los gobiernos locales, universidades, gremios económicos,
centros de desarrollo, líderes de iniciativas clúster, directivos de
organizaciones, empresarios y todos los que tienen que ver con la Comisión
Regional de Competitividad y el desarrollo productivo del departamento, esto
con el fin de identificar las brechas que nos afectan y las razones por las
cuales tenemos avances modestos.
Es esencial monitorear, evaluar e
identificar fortalezas y debilidades y de paso proyectar nuestro desarrollo
productivo en un potente Plan Regional de Competitividad e Innovación que sea
nuestra hoja de ruta.

 3) Competitividad, productividad e innovación
deberían estar en el ADN de nuestras organizaciones
. La competitividad tiene que ver con
la capacidad de articular, de trabajar de forma colaborativa, de avanzar hacia
la sociedad del conocimiento y la economía del conocimiento. Para esto hay que
trabajar desde la institucionalidad en dos frentes: uno, para promover el
desarrollo económico y social con políticas públicas de corto y mediano plazo dotadas
de programas y proyectos, recursos económicos y talento humano de calidad; otro,
para fortalecer la competitividad de las empresas a través de iniciativas
clúster y cadenas de alto valor articuladas a flujos nacionales y globales de
negocios. Esto tendría un impacto significativo en el desarrollo local, en la
generación de empleo estable y de calidad, en el aumento del ingreso, en la
creación de empresa y atracción de inversión, en el incremento de las exportaciones,
en la generación de riqueza, en la sostenibilidad ambiental, pero, ante todo, traería
progreso y mejoraría el bienestar y la calidad de vida en el departamento. 

   

La conclusión.

Para dinamizar la economía y
adaptarnos a las nuevas realidades hay que reconocer que no hay recetas únicas
y que esta no será la última crisis que afrontemos.  Nos encontramos ante el imperativo de
promover una etapa de crecimiento basada en aumentos significativos en
productividad y competitividad, en la solución de problemas estructurales y en
la inclusión de nuestra región a la Cuarta Revolución Industrial.
Por
fortuna contamos con diagnósticos como el IDIC 2020 – 2021, insumo clave para
la construcción de políticas públicas locales basadas en evidencias y para
diseñar una agenda de desarrollo e inteligencia territorial que muestre el
camino a recorrer y los cambios por realizar.

Hay que hacer acuerdos y consensos
para repotenciar nuestro sistema productivo tanto rural como urbano
. No hay ninguna razón para no
esforzarnos al máximo en alcanzar niveles más sostenibles y ambiciosos con altas
tasas de crecimiento. Dejemos de hacer lo que no nos da resultado, es hora de
cambiar el rumbo del departamento a través de estrategias ganadoras y del uso
del conocimiento y la innovación. Tomemos la decisión de apoyar nuestros
clústeres, fortalecer nuestras empresas, aprovechar nuestro talento humano,
poner las instituciones y organizaciones al servicio de la producción de bienes
y servicios de alto valor agregado, articulemos nuestras universidades con los
empresarios, permeemos la administración pública de pensamiento competitivo, hagamos
del Quindío un departamento puntero, exitoso y ganador

 

Armando Rodríguez Jaramillo

@ArmandoQuindio /  arjquindio@gmail.com

25 de febrero de 2021

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