Hoy más que nunca necesitamos de las mejores mentes para pensar este Quindío y sacarlo adelante.
En 2004 el Programa de Naciones
Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicó el Informe Regional de Desarrollo
Humano para los departamentos del Eje Cafetero titulado «Un pacto por la región» con la participación del Centro de
Estudios Regionales Cafeteros y Empresariales (CRECE – Manizales), Centro de
Investigaciones Socioeconómicas de Risaralda (CIR) y el Centro de Estudios e
Investigaciones Regionales de la Universidad del Quindío (CEIR) con el fin de explorar
la realidad del desarrollo humano en la región luego de la secuela que dejó la
ruptura del Pacto Internacional del Café (1989). El informe partió de la
necesidad de reducir la pobreza y priorizar condiciones para una mayor
generación de empleo y oportunidades basadas en tres grandes políticas:
recuperar una senda de crecimiento económico, adelantar una audaz política
educativa y ampliar y mejorar la protección social.
En el caso del Quindío, el índice de
desarrollo humano (IDH) en 1993, 1997, 2000 y 2004 mostró un deterioro
paulatino en las tres capacidades que lo promueven: tener una larga vida y
saludable, poseer conocimientos (educación) y poder acceder a los recursos para
lograr un nivel de vida decente. Por esto el PNUD sugirió la existencia de
una década perdida y propuso un Pacto Regional por el desarrollo humano que
sometió a consideración de la institucionalidad pública y privada y de la
ciudadanía en general para que fuera debatido, rebatido, acogido total o
parcialmente y priorizado con el fin de generar compromisos y consensos entre
los gobiernos territoriales y la sociedad civil.
Sin embargo, las propuestas para el
pacto quedaron archivadas y los indicadores de progreso en el departamento
continuaron su deterioro en las dos décadas siguientes mientras nos
concentrábamos en estériles debates políticos que poco aportaron a la
prosperidad, lo que sugiere que podríamos estar frente a tres décadas
perdidas en desarrollo humano.
La pobreza monetaria
Ahora el DANE desnuda nuestra
precariedad al publicar los resultados de la Pobreza monetaria en 2020. Para
comprender la magnitud del desastre social en que estamos, hay que precisar que,
para el DANE en Armenia, las personas en pobreza monetaria tenían ingresos
inferiores a $400.047 mensuales per cápita y las que estaban en pobreza
monetaria extrema contaban con ingresos inferiores a $160.010 al mes por
persona. Con este marco contextual, en 2020 la pobreza monetaria en la ciudad fue
del 45,3% (11,1 puntos por encima al año anterior) y la pobreza monetaria extrema
de 15,5% (9,6% superior al año anterior), lo que indica que el 60,8% de la
población de Armenia padecían algún grado de pobreza. En cuanto al Quindío, el
50,4% de la población estaba en igual situación.
Si bien el incremento en la pobreza en
buena parte es consecuencia de la pandemia, también es evidente que en los
últimos años no hicimos lo necesario para alcanzar un mayor desarrollo y que lo
que ahora hacemos no es suficiente para enfrentar esta crisis y salir de ella
con posibilidad de recuperar el tiempo perdido y crecer al ritmo requerido.
Un Pacto por el Quindío
Entonces rescatemos la idea del PNUD
en 2004 y hagamos un Pacto por el Quindío en el aquí y el ahora. La
situación que vivimos es tremenda y requiere de medidas audaces, disruptivas
y sorprendentes. No podemos esperar a que el gobierno nacional llegue con la
solución y nos señale la senda a seguir, esta es una responsabilidad que
debemos asumir con nuestra inteligencia, experiencia y capacidades. Cambiar es
hacer las cosas de otro modo, así que no sigamos con la tozudez de querer
alcanza resultados diferentes si continuamos con la misma forma de hacer política
e igual modelo de administración pública, si seguimos con escasa capacidad de
diálogo y de generación de confianzas, si persistimos en no generar inclusión y
oportunidades y si no aprendemos a trabajar entre generaciones de forma interdisciplinar.
«Hagamos un Pacto por el Quindío en el
aquí y el ahora. La
situación que vivimos es tremenda y requiere de medidas audaces, disruptivas
y sorprendentes».
Para cambiar es necesario que exista
voluntad política. Los planes de desarrollo de Armenia y el departamento, aprobados
hace un año cuando recién comenzaba la pandemia, fueron desbordados por la
realidad y los datos sobre pobreza, desempleo y recesión económica así lo
confirman. A los actuales gobiernos territoriales les faltan 32 meses para
culminar sus períodos constitucionales lo que amerita un ajuste de sus planes
de desarrollo para enfrentar con renovados instrumentos la urgente necesidad de
activar y dinamizar la economía mediante la destinación de nuevos y
significativos recursos para apoyar, rescatar y fortalecer nuestras empresas y clústeres
y generar empleos e ingresos. Así mismo, es necesario que la administración de Armenia
destrabe y ejecute de forma expedita las obras inconclusas de valorización haciendo
inversiones públicas significativas que generen empleo y dinámica económica en
la ciudad.
«Entre todos idear y construir el
Quindío de la siguiente década»
Hoy más que nunca necesitamos de las mejores
mentes para pensar este departamento y sacarlo adelante. Tenemos programas de ciencias
económicas y administrativas en todas nuestras universidades con académicos,
investigadores y profesores que podrían ser reunidos para que estudien y propongan
cómo sacar nuestra economía adelante. Convoquemos a una gran mesa de diálogo
departamental donde se sienten la institucionalidad pública y privada a tomar
decisiones concertadas al tiempo que congreguemos un tanque de pensamiento (think
tank) ampliado con académicos, investigadores, intelectuales, empresarios y
planificadores para aprovechar el talento humano quindiano y el que ha llegado
de otras ciudades y del exterior, y entre todos idear y construir el Quindío
de la siguiente década.
Solo
convocando y aglutinando voluntades de forma inclusiva y participativa podremos
sacar este territorio adelante.
Armando Rodríguez Jaramillo
@ArmandoQuindio / @quindiopolis


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