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Sin duda que la innovación es un desafío de enorme complejidad para el Quindío, pero de alta rentabilidad social.


En el último Índice de Departamental
de Innovación para Colombia (IDIC 2020), publicado por el Departamento Nacional
de Planeación en mayo pasado, el Quindío aparece de octavo con un puntaje de 40
sobre cien, lo que nos dice que si bien se ocupa un puesto relativamente alto,
el puntaje, que es lo que al final importa, está de la mitad hacia abajo. El
IDIC, que contiene 102 variables, debe servir para comprender que la ciencia,
la tecnología y la innovación están estrechamente relacionadas con el
desarrollo y la calidad de vida, y que sería conveniente reflexionar sobre los tipos
de innovación que predominan en el departamento.

El profesor Xavier Ferrás de ESADE
Barcelona y Madrid en el artículo Innovación Azul (La Vanguardia –
Barcelona, 22-08-2020) referencia cuatro tipos básicos de innovación que los representa
por colores. Ferrás señala que el primero corresponde a la innovación roja que
es de bajo retorno y baja complejidad. Es innovación incremental, simple mejora
continua. Se trata de competir en mercados saturados (océanos rojos) para
sobrevivir haciendo más con menos. Es innovación necesaria, pero insuficiente
en el mediano plazo porque no genera un verdadero crecimiento económico
agregado.

El segundo es la innovación dorada,
que es de retornos rápidos y elevados, pero también de baja complejidad. Es una
innovación guiada por las oportunidades de mercado. Parte de ideas ingeniosas,
sencillas de experimentar y de escalar. Ferrás pone de ejemplo a Airbnb, Tripadvisor,
Uber, Ikea o McDonalds (Rappy entraría en esta categoría). Es el campo de juego
de los modelos de negocio basados en plataformas, comercio electrónico y
digitalización, allí están la mayoría de startup y los capitales de
riesgo en busca de su unicornio (empresas tecnológicas que alcanzan un valor de
1.000 millones de dólares sin estar en bolsa). Es una innovación muy
interesante para los inversionistas y el sistema financiero.

El tercer tipo es la innovación
blanca
que está dirigida por la ciencia. Es una innovación altruista, de alta
complejidad que no espera un retorno económico inmediato, pero que es
imprescindible para el progreso a largo plazo. Precisa de investigación en ciencias
básicas para entender las leyes físicas y de la naturaleza. Ferrás dice que la
innovación blanca es la consecuencia de largas y pacientes inversiones públicas
en investigación.

Por último, está la innovación azul,
que se basa en el conocimiento científico convertido en tecnología. Es la más
interesante y estratégica, la de mayor impacto económico y social, aquélla que
genera crecimiento y empleo de calidad. Es innovación de alta complejidad que
da lugar a productos, servicios e industrias con elevados retornos económicos y
sociales. Se origina por la introducción en el mercado de nuevas tecnologías
creando océanos azules libres de competidores. En esta categoría están el
internet, la telefonía celular, las energías limpias y la industria 4.0. Son
tecnologías que originan grandes campos de riqueza con el potencial de generar
prosperidad, empleo, crecimiento económico y ventajas competitivas sostenibles.

 

El futuro se pinta de azul.


Me atrevería a decir que en la región
tenemos mucho más de innovación roja con empresas comprometidas en el
mejoramiento continuo y empresarios pensando en la eficiencia; que empezamos a
transitar humildemente por los caminos de la innovación dorada
con
emprendimientos valiosos que avanzan en ganar capacidad de atraer inversiones
en capital de riesgo; que somos precarios en la innovación blanca pues requerimos
de más investigadores y recursos para las universidades y grupos de
investigación; y que tenemos poco o nada de innovación azul pues no contamos
con la capacidad para hacerla ni con el capital para financiarla en razón a que
los fondos privados prefieren las innovaciones rojas y doradas, mientras que
los recursos públicos, escasos por demás, se van a la innovación blanca.

Ver La cuarta revolución industrial no da espera.

Es evidente que estamos en mora de formular
e implementar una política pública para impulsar y consolidar un sistema
departamental de innovación. Es necesario decidir si seguimos concentrados en
la innovación roja, si unimos capacidades humanas, económicas y logísticas para
crear sinergias y lograr resultados en innovación dorada, si incrementamos el
número de investigadores y aumentamos la inversión pública y privada en
innovación blanca o si empezamos a gatear por la senda de la innovación azul. Los
países y regiones punteros y las organizaciones líderes han entendido que la
innovación azul es el campo de juego de la disrupción tecnológica basada en
sectores estratégicos donde se define quiénes son líderes y quiénes seguidores
.
 

En esto está la clave, y entre más
tiempo demoren los gobernantes locales, los dirigentes gremiales y empresariales,
las universidades y la sociedad en general en tomar la decisión de transitar
por los caminos de la innovación, más se ampliará la brecha en calidad de vida
con otras regiones. Sin duda que éste es un desafío de enorme complejidad para el Quindío, pero
de alta rentabilidad social.

Armando Rodríguez Jaramillo

arjquindio@gmail.com 
/ 
@ArmandoQuindio

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