Uno de los mantras
más repetidos en el Quindío es la ausencia de un proyecto de departamento en el
que nos sintamos identificados, un proyecto que convoque a un propósito
colectivo.
Podría decir que
el mayor proyecto emprendido como sociedad fue la creación del departamento del
Quindío en los años sesenta del siglo pasado, intención que nació como una
aspiración ciudadana apadrinada por los políticos de la época. Luego vinieron
algunas iniciativas que gozaron de legitimidad, pero que no se ejecutaron. Me
refiero al Plan de Desarrollo Agrícola Integrado de la Cuenca del Quindío
(1987) formulado entre la JICA del Japón y la CRQ que propuso un escenario agropecuario
novedoso con un horizonte de quince años (1990 – 2005), el ejercicio de planificación
realizado con el CIDER de la Universidad de los Andes en el gobierno de Mario
Gómez Ramírez (1992-94) y el Plan Quindío 2020 ideado como una propuesta de la
sociedad civil cuando recién despuntaba el presente siglo y que los gobiernos
de la época jamás comprendieron.
Fuera de estos
intentos de planificación y de algunos planes sectoriales de agroindustria,
turismo, competitividad y ciencia y tecnología, entre otros, están los 104 planes
de desarrollo municipales y departamentales formulados en los últimos 27 años en
el marco de la Ley Orgánica del Plan de Desarrollo (Ley 152/1994), 96 de ellos municipales
y ocho departamentales, sin resultados significativos para el progreso del
Quindío. De ahí que este derroche de
planeación debería llamar a la reflexión pues no tiene sentido continuar malversando
recursos y perdiendo oportunidades de alcanzar mejores estadios de bienestar.
Hacia un futuro
deseable
Ahora nos
encontramos ante uno de los más grandes desafíos de nuestra historia a
consecuencia de una pandemia que desmejoró sustancialmente las condiciones
socioeconómicas, hecho que debe servir de acicate para emprender la construcción de un
ambicioso proyecto de departamento con visión de futuro que contrarreste el
excesivo cortoplacismo de nuestra vida pública, un plan dotado con luces exploradoras
y una lente gran angular que nos permita visiones panorámicas.
Por alguna razón
que no comprendo, a los quindianos nos cuesta mucho pensar en clave de futuro y
ponernos de acuerdo en lo que queremos como sociedad, lo que deberíamos aprender no
sólo para superar la crisis socioeconómica que produjo el Covid – 19, sino para
hacer lo que no hicimos en los últimos tiempos por andar distraídos en debates
políticos insulsos y desconectados de la realidad. Hay que tener presente que
lo que hoy tenemos como sociedad y territorio son producto de las decisiones del
pasado y que las elecciones y acciones de hoy definirán nuestro mañana, así que
en nosotros está si seguimos administrando el presente o nos atrevemos a pensar
de forma ambiciosa.
Al respecto, el «Manual de
prospectiva y decisión estratégica: bases teóricas e instrumentos para América
Latina y el Caribe» de Medina y Ortegón (Cepal, 2006) se refiere a los estudios de futuro como
la exploración sistemática de los futuros posibles a fin de mantener y/o
mejorar la libertad, el bienestar y el desarrollo humano y sostenible, ahora y
en el porvenir. En el manual mencionado se lee:
«Los futuros posibles son las alternativas que pueden posiblemente acontecer. Los futuros probables son los posibles con chance de ocurrir. Los plausibles son aquellos futuros que concentran las mayores probabilidades de ocurrir y realizarse (pág. 133)».
«Desde este punto de vista la prospectiva
puede entenderse como un proceso intelectual a través del cual se representa lo
que puede suceder, vale decir los futuros posibles, pero se identifican los
futuros con mayor probabilidad de acontecer, o sea, los futuros probables. Sin
embargo, para la prospectiva también es importante plantear los futuros que nos
gustaría que ocurrieran, es decir, los futuros deseables. Los futuros posibles
y probables se identifican al percibir la realidad de manera objetiva. Los futuros
deseables hacen parte de la proyección subjetiva de los anhelos, temores,
deseos e intereses (pág. 135)».
Entonces…, entre lo posible y lo probable: ¿Cuál es
nuestro futuro deseable?
Armando Rodríguez Jaramillo
@arjquindio
/ @quindiopolis
arjquindio@gmail.com


Sin comentario