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Los intentos de integración de Caldas,
Quindío y Risaralda se han dado con base en realidades históricas y hechos
compartidos que han permitido crear espacios de entendimiento alrededor de proyectos
de desarrollo socioeconómico. 

Este proceso sirvió para examinar puntos concurrentes
como el metropolitanismo de Armenia, Pereira, Manizales y municipios
circunvecinos, la Autopista del Café como columna vertebral de la movilidad
regional, las plataformas logísticas intermodales y las zonas francas, los ecosistemas
compartidos como el Parque Nacional Natural Los Nevados y cuencas hidrográficas,
la red de aeropuertos, el turismo, la caficultura y la conservación del Paisaje
Cultural Cafetero. De tal forma que, con el tiempo, entre encuentros y
desencuentros, se formó una narrativa de región que dio identidad propia al Eje
Cafetero
, dos palabras por las que se reconoce a Caldas, Quindío y Risaralda en
el escenario nacional y mundial. Fue sobre esta construcción colectiva de
región, que los gobernadores de los tres departamentos crearon inicialmente la Región Administrativa y de Planificación (RAP) del Eje Cafetero en el marco de la Ley de Ordenamiento Territorial. 

Pero más que decisiones políticas, las
regiones son realidades territoriales con coincidencias y complementariedades
en
lo ecológico, económico, social, histórico y cultural, con la capacidad de motivar
propósitos colectivos soportados en diálogos sinceros entre la sociedad civil y
su institucionalidad, con reglas de juego claras y transparentes, manteniendo
coherencia en lo que se dice y se hace.

 

Tolima, Valle del Cauca y Antioquia

De ahí que la reciente inclusión de
Tolima en la RAP del Eje Cafetero plantea nuevos desafíos en medio de la
sorpresa que causó tal decisión. Pero dejando a un lado las razones que se
tuvieron para hacerlo, esta determinación modifica el imaginario de región
construido durante décadas
y obliga a los tres departamentos a idear otra visión
de territorio con un nuevo jugador y con hechos regionales por descubrir. Y
como si esto fuera sencillo, el gobierno nacional tiene otra mirada de región sobre
este territorio que no precisamente nos pone a bailar con el departamento del Tolima.

En este sentido, en el Plan Nacional
de Desarrollo 2018 – 2022 Pacto por Colombia, pacto por la equidad, y en los
anteriores también, se agrupan a los departamentos por regiones de acuerdo con características
comunes que faciliten la gestión del desarrollo. De ahí que el PND hace referencia
a la Región Eje Cafetero y Antioquia bajo el lema de conectar para la
competitividad y el desarrollo logístico sostenible
y le define la siguiente
visión a 2030:
«El Eje Cafetero y Antioquia forman una
región con alto potencial biodiverso y productivo en los sectores de agricultura,
comercio y construcción. Contará con sistemas de transportes ágiles y
eficientes que permitirán conectar toda la región a escala interna y externa. Además,
será pionera en la protección del medio ambiente y recuperación de áreas
degradadas por actividades ilegales. Por último, contará con emprendimientos naranjas
que permitirán desarrollos tecnológicos y mejores oportunidades laborales para
los ciudadanos
».

Por su parte, desde el Ministerio de
Comercio, Industria y Turismo y Procolombia impulsan la creación de la Región Estratégica
de Internacionalización Prioritaria conocida como REIP Eje Cafetero y Valle del
Cauca
, con lo que se busca articular instrumentos del orden nacional y
territorial para trabajar en tres frentes: Promoción internacional de la región,
atracción de inversión extranjera directa e incremento de exportaciones no
minero energéticas, con la participación de la institucionalidad de estos
departamentos.

Los arreglos de región propuestos
desde el nivel central nos recuerdan cómo en varias oportunidades se debatió la
conveniencia de integrar el Eje Cafetero al Valle del Cauca para buscar salida
hacia la Cuenca del Pacífico y con Antioquia para aproximarnos al Caribe por el
Golfo de Urabá con la intención de internacionalizar la economía, además de
aprovechar las dinámicas de ciudades como Cali y Medellín, iniciativas que poco
prosperaron.  

Pero como si esta realidad variopinta fuera poca, el pasado en 27 de abril
los gobernadores de Caldas y Antioquia firmaron el acuerdo de voluntades para
avanzar en la conformación de la RAP del Agua y la Montaña, unión que
permitirá, al decir de los dos mandatarios, la cooperación y el desarrollo
articulado de proyectos estratégicos, iniciativa que ambos gobernantes venían
construyendo hace más de un año y que pasará a sus respectivas asambleas.


Colofón

Así las cosas, creo que es hora de
que en el Eje Cafetero hagamos un proceso de reflexión entre la sociedad civil
y los sectores públicos, privados y académico con el fin de decantar qué es lo
que entendemos por región y qué queremos de ella, y si vale la pena conservar
lo construido en las últimas décadas en temas de integración regional
. Si bien
las decisiones de los gobernantes deben estar en el marco de la legalidad, estas
también deben tener la licencia que otorga la legitimidad a través del diálogo
y los consensos. Es hora de debatir y decidir si Caldas, Risaralda y Quindío nos
pensamos y actuamos como lo que hemos sido, la región del Eje Cafetero, o si
por el contrario queremos hacer región de forma conjunta o independiente con
Tolima, Antioquia o Valle del Cauca, lo cual sería otra cosa.

 

Armando Rodríguez Jaramillo

@arj_opina    /   @quindiopolis

arjquindio@gmail.com

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