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Se requiere de nuevas capacidades para
mirar al futuro y construir la nave que nos ha de llevar a buen puerto
.


La historia dice que a las grandes
crisis les preceden tiempos de prosperidad, por lo que es necesario aprender de
las experiencias y salir fortalecidos. En años recientes los quindianos hemos atravesado
por tres momentos críticos que han llevado al borde del colapso nuestras
estructuras sociales y económicas. El primero vino con la ruptura del Pacto
Internacional del Café (1989) que desbarajustó el modelo cafetero tradicional y
causó desplomé de precios, disminución del ingreso y sustitución de cultivos al
pasar de 60.000 hectáreas en café a menos de 20.000 en la actualidad. El
segundo momento crítico fue con el terremoto de 1999 que causó numerosas
muertes, destruyó buena parte de nuestra infraestructura vital y devastó
viviendas y empresas, produciendo un enorme impacto en la economía y problemas
sociales que aún padecemos. Ahora se nos presenta un tercer evento catastrófico
en forma de pandemia sin que sepamos cuándo ni cómo lo superaremos.

Si embargo, si algo parecido tuvieron
las crisis del café y del terremoto fueron los grandes esfuerzos que hicimos para
enfrentarlas, pero hay que reconocer que
fuimos tímidos en plantear una
nueva agenda de desarrollo social y económico para cambiar de rumbo
, experiencia
que no se debe repetir pues no tendría sentido regresar a la situación que
teníamos en marzo de 2020 un día después del coronavirus.

 

Los verbos rectores

En todo caso, es curioso ver cómo las
respuestas a estas crisis han estado acompañadas de verbos rectores. A la del
café se le respondió con sustituir, a la del terremoto con reconstruir
y a la pandemia la enfrentamos con reactivar, tres verbos que terminaron
por encauzar el comportamiento colectivo: Sustituir es poner una cosa en lugar de
otra existente; reconstruir es reparar o volver a construir una cosa destruida,
deteriorada o dañada; y reactivar es volver a hacer que algo funcione. Entonces,
si reactivar es activar de nuevo lo que se tenía, este verbo poco aportará a la
construcción de un futuro prometedor que rompa con el orden socioeconómico y
político el tradicional.

De ahí que nos deberíamos preguntar:
¿Qué nos impide ser más osados y ambiciosos? ¿Qué nos ata a un pasado que mal o
bien cumplió su cometido? ¿Por qué nos es tan difícil construir nuevos escenarios
de progreso? Si el presente es producto de lo que hicimos o dejamos de hacer o
permitimos que otros hicieran
, ¿qué debemos hacer ahora para lograr el
futuro deseado?

Klaus Schwab, fundador y presidente
ejecutivo del Foro Económico Mundial, plantea que es el momento de pensar en un
Gran Reinicio (
Great Reset) de un sistema económico y social
desequilibrado.
Esta es una propuesta seductora que invita a edificar un
nuevo paradigma que nos llene de ilusión y active el espíritu emprendedor del
quindiano como motor de una era de crecimiento y oportunidades
.

Así que de nuevo caemos en otro
verbo, reiniciar, que está relacionado con resetear que en informática tiene
como función principal limpiar el sistema ante cualquier tipo de error que evite
su buen funcionamiento. En esencia es volver a un nuevo comienzo, propósito por
demás ambicioso y exigente que demandará arrojo y decisión para romper la
inercia que traemos y renovar nuestra economía, nuestra sociedad y nuestra praxis
política. Es idear un nuevo acuerdo colectivo que sustente futuros de progreso.
La pandemia nos enseñó que somos capaces de introducir de forma ágil cambios
radicales en nuestro estilo de vida, ¿entonces por qué no pensar en introducir
cambios substanciales en nuestro modelo de desarrollo?

 

El reinicio 

El Gran Reinicio, si es que puedo
apropiarme del concepto, se basa en la voluntad y el propósito de construir una
sociedad mejor que supere nuestras limitaciones en liderazgo, organización y
cohesión social. Sin duda sería más fácil regresar al punto de partida de antes
de la pandemia que idear un nuevo paradigma de progreso, pues lo primero se
hace sin cambiar de mentalidad, lo segundo requiere de nuevas capacidades para
mirar al futuro y construir la nave que nos ha de llevar a buen puerto
.

Es evidente que este reinicio precisa
de nuevos arreglos en lo social, económico, ambiental y político: 

  • En lo
    social
    debemos aprender a trabajar de forma colaborativa creando sinergias
    entre generaciones y saberes, desplegando capacidades de resiliencia, fijando
    visiones colectivas y estructurando una sociedad más humana, equitativa e incluyente. 
  • En lo económico hay que avanzar hacia modelos productivos basados en el
    conocimiento, la adopción digital y la innovación para contar con empresas modernas,
    mejorar el empleo, atraer y retener talento humano de calidad y generar
    economías competitivas y prósperas. 
  • En lo ambiental es restablecer las
    relaciones con la naturaleza y avanzar en la conservación de nuestros ecosistemas. 
  • En lo político es entablar un renovado diálogo ciudadano basado en la
    confianza y el respeto por el interés común; es elegir gobiernos sólidos,
    diamantinos y eficaces y tener administraciones ágiles, profesionalizadas y
    digitalizadas que soporten la colaboración entre los sectores público y privado
    en cada etapa del camino.

En fin, es crear un sistema
resiliente, equitativo y sostenible a largo plazo, de tal forma que la pandemia
no sea la portadora de un legado trágico
, sino que represente una oportunidad,
inusual y reducida, para reflexionar, reimaginar y reiniciar nuestra sociedad,
como lo propone Klaus Schwab.

 

Armando Rodríguez Jaramillo

@arj_opina

@quindiopolis

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