Se requieren de un cambio de mentalidad de las personas que son parientes y socios a la vez.
El concepto de gobernanza,
como muchos creen, no tiene su origen en la esfera gubernamental, más bien hay
que buscarlo en los gobiernos corporativos privados y se enfoca en las
necesidades de mejorar la gestión de las empresas para responder a cambios en el
entorno y el mercado, pues no en vano los tradicionales modelos de empresas
integradas verticalmente que actuaban de forma independiente están siendo
sustituidos por firmas articuladas en redes de negocios que forman entornos
colaborativos (clústeres) mejorando de esta forma la capacidad de respuesta a
temas esenciales como el renovado interés por el cliente, calidad de productos
y servicios, innovación y transformación digital, formación del talento humano,
cadenas de suministro y distribución, sostenibilidad ambiental y valor
compartido, ya que las empresas, además de producir, se deben acercar a la
sociedad y hacer suyas las preocupaciones que surgen en los entornos de los
mercados, gobiernos y ciudadanos.
De estos y otros temas se ocupa la gobernanza
que encuentra en empresas grandes y medianas terreno abonado en razón a su
tamaño, organización y cultura corporativa, no siendo así en las pequeñas que
por lo general son negocios de familia donde los roles se confunden con
frecuencia y generan ambigüedades. Esto se observa cuando no hay
distinción entre el espacio y dimensión familiar y los aspectos propios de la
empresa, pues los mismos actores unas veces representan el papel de
esposos, padres, hijos, hermanos o primos y otras el de gerentes, administradores,
secretarias, vendedores y transportistas sin que haya límites claros entre las
dimensiones de unos y otros. En ocasiones estos roles cruzados se llevan a cabo
en el mismo tiempo y lugar aumentando la confusión.
Lo citado suele ocurrir en la tienda,
el almacén, la finca, la fábrica, el hotel, el restaurante y en la mayoría de
los negocios donde hay informalidad laboral pues se asume que al ser una
empresa de familia no hay necesidad de definir responsabilidades ni de
remunerar debidamente a sus integrantes que se benefician del trabajo y viven
bajo el mismo techo, situación que acrecienta la ambigüedad, dificulta
el manejo financiero e impide conocer su verdadera rentabilidad. Pensemos por
ejemplo en la tienda de barrio o en el pequeño supermercado donde la dueña de
casa retira productos para preparar la comida, el hijo saca plata de la caja
para sus gastos y el dueño de casa retira dinero para comprar bienes personales
y de consumo. Lo mismo suele suceder en la finca, el almacén o la fábrica.
Otra forma de ambigüedad que
se presenta es cuando la empresa opera en un local de propiedad de uno de los
suyos, cuando se transportan insumos o productos en el carro de uno de sus
miembros o cuando el capital de trabajo lo prestó un pariente sin que medien
contratos de arrendamiento, pagos de servicios de transporte o documentos que
soporten las deudas con intereses y plazos definidos.
Mejorar la gobernanza y disminuir las
ambigüedades
De ahí que la gobernanza en los
negocios de familia pasa por disminuir las ambigüedades y conducir a la
formalidad. Se inicia por separar los ámbitos propios del hogar y la empresa
como condición para mantener las buenas relaciones y evitar conflictos
entre parientes, y se continúa por organizar la unidad productiva no
sólo desde los puntos de vista administrativo, contable y financiero, sino
dotándola de existencia legal para que pueda acceder a mercados organizados,
use el sistema financiero, obtenga apoyos gubernamentales, participe de
asociaciones y cooperativas, sea objeto de capacitaciones y programas de
asistencia técnica y muchos otros beneficios.
Estas acciones aparentemente obvias y
simples, en la práctica no lo son en absoluto ya que requieren de un cambio
de mentalidad de las personas que son parientes y socios a la vez, de forma
que reconozcan el valor de sus relaciones y conciban de forma amplia e integral
la empresa como su fuente de ingresos y de la siguiente generación.
Conviene entonces buscar apoyo
especializado para identificar, separar y aclarar las situaciones ambiguas y de
paso estructurar y modernizar la unidad productiva. Es originar una cultura
organizacional con protocolos de gobernanza que den sostenibilidad a los
negocios de familia, aspecto donde gobiernos, universidades, incubadoras,
sistema financiero y gremios podrían enfocar acciones conjuntas para fortalecer
la competitividad y productividad, y de paso allanar el camino a mercados de
mayor valor. De esta forma aumentaría la probabilidad que estas empresas
pasen a la siguiente generación preservando así una valiosa fuente de ingresos
y empleos para el núcleo familiar y para la sociedad en general.
Armando Rodríguez Jaramillo
@arj_opina
@quindiopolis


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