«Nos encontramos en un momento de inflexión que debería conducirnos a renovar propósitos y liderazgos para construir un mejor Quindío».
En el artículo Hay que construir una mejor versión del Quindío escribí sobre la necesidad
de modernizar al departamento a través de la prospectiva como instrumento para
explorar futuros deseables y factibles. Sobre estos asuntos Javier Medina
Vásquez y Edgar Ortegón en el Manual de prospectiva y decisión estratégica:
bases teóricas e instrumentos para América Latina y el Caribe (ILPES –
CEPAL 2006), plantean que toda prospectiva parte de una visión que
deviene en un proyecto. Una visión determina qué puede cambiar y qué no puede
cambiar, y al establecer qué cosa debe cambiar la visión empieza a convertirse
en proyecto. Así que construir futuros tiene que ver con encontrar
auténticas visiones y materializarlas en proyectos, lo contrario sería tan
solo tener imágenes que distarán mucho de ser realidades tangibles.
Pero una visión de futuro está lejos de ser un
eslogan o lo que un gobernante o dirigente piensen para un territorio o lo que
un reducido grupo de técnicos o académicos digan, por cuanto implica un
proceso de diálogo y negociación para construir un punto mínimo de consenso,
proceso de por sí complejo porque hay cuestiones negociables y otras no
negociables, hay cuestiones deseables y otras que no lo son. De ahí que una
sociedad como la nuestra debe aprender a dialogar y negociar para acordar un
mínimo común denominador que permita identificar aquellos puntos en los que se pueda
llegar a acuerdos, fuera de esto quedaran muchas cosas que no son negociables
ni realizables, que apenas son deseables.
Conocer este mínimo
común denominador es esencial para tener visiones compartidas y construcciones
colectivas de futuro. Una cosa es imponer
visiones y otra cosa es aprender a compartir visiones. Construir futuros no es
fácil, pero es algo fundamental si se quiere convivir en un escenario de entendimiento, progreso y bienestar social.
Lea: Un centro de pensamiento para el futuro del Quindío.
En todo caso la visión de futuro debe ser estructurada, transformadora y realizable para
que cumpla su cometido. Por estructurada se entiende que esté soportada en
un tejido conceptual de modo que sea fruto de múltiples perspectivas de la
realidad que incluya aspectos en lo político, económico, social, cultural,
ambiental, tecnológico y organizacional. Por transformadora y creativa se
entiende que sea portadora de cambio, que empuje hacia la innovación a un
territorio mientras que cuestiona su status quo. Por realizable
significa que su probabilidad de ocurrencia o su capacidad de plasmarse en el tiempo
sea alta.
Un ejemplo
emblemático de visión de futuro fue la planteada por el presidente Kennedy y su
gobierno cuando expresó que un norteamericano llegaría a la Luna antes que
terminara la década de los sesenta. Hacer realidad esta visión requirió que la
NASA liderara un proyecto que catapultó el liderazgo tecnológico de los Estados
Unidos en las siguientes décadas. De modo que es tan importante la imagen de
futuro expresada en una visión como lo son los medios y los recursos para
hacerla realidad. Sobre esto, Medina y Ortegón señalan: «Hay dos situaciones
que deben evitarse: que se tengan una visión, pero no se pueda desplegar en un
proyecto y que se tenga un proyecto de futuro carente de visión. En el primer
caso no se tiene claridad de cómo se puede transformar en acción una propuesta
de cambio o una innovación tecnológica; en el segundo caso, un proyecto sin
visión puede carecer de perspectiva, de sentido de la novedad y del valor
conceptual […]». De aquí la necesidad de decantar la multiplicidad de imágenes
de futuro que se encuentran entre la población, seleccionar las que pueden
convertirse realmente en visiones y traducir las visiones en proyectos
tangibles, estructurados, innovadores, verazmente transformadores, si esto
no se hace, solo tendremos proyectos que le apuntan a múltiples cosas, algunas
sin duda valiosas, pero no a una visión consensuada de futuro del departamento.
Cuando una
sociedad carece de visiones y de proyectos transformadores, poco a poco ve como
se deteriora la razón y el espíritu colectivo corriendo el peligro de caer en
la desesperanza. Sobre el
particular los autores citados escriben lo siguiente:
«La función creadora de las imágenes de futuro
tiene que ver directamente con la calidad de gobierno que tenga una sociedad.
Las ciudades, las regiones y las naciones viven procesos de auge y decadencia.
Las sociedades crecen y se desarrollan cuando comparten una visión de futuro,
bien sea de modo implícito o explícito, como un consenso social o un plan
deliberado. Pero cuando las visiones entran en obsolescencia, pueden perder su
rumbo y estancarse en las mismas fórmulas de éxito del pasado, lo cual inicia
los períodos de decadencia.
La capacidad de aprendizaje y renovación de
las ideas fuerza que constituyen el núcleo de la visión de futuro, es
fundamental para que una sociedad sintonice las nuevas realidades y oriente
adecuadamente sus procesos de cambio. En cada gran momento de cambio un
territorio o nación debe transformar su estructura productiva, su capacidad de
gestión y su mentalidad colectiva, para lograr una mejor inserción en el contexto
internacional y generar calidad de vida para sus habitantes.
Otra condición fundamental para la gestión
pública es la capacidad de traducir las visiones de futuro en proyectos de
gobierno. Para ello es necesario que el gobernante tenga legitimidad, de modo
que su visión sea creíble y pueda ser compartida por la ciudadanía. El punto
crítico de una sociedad en conflicto es que realmente hay muchas imágenes, pero
no una visión compartida. El conflicto ocurre en la medida en que no se logra
conciliar ni negociar esas imágenes, existe una fuerte disputa entre diferentes
coaliciones que luchan por imponer su propia imagen de futuro».
En consecuencia,
hoy más que nunca creo que nuestra sociedad acusa fatiga y desesperanza y que debemos
aprender de los errores del pasado. Hoy más que nunca estoy convencido que nos encontramos
en un momento de inflexión que debería conducirnos a renovar propósitos y
liderazgos para construir un mejor Quindío.
Armando Rodríguez
Jaramillo
Correo: arjquindio@gmail.com
/ Twitter: @ArmandoQuindio


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