«Es el momento de apostarle a la modernización del departamento para que lo por venir no sea la prolongación del presente, pues la historia nos juzgaría de pusilánimes»
Algunas veces he
insistido en la necesidad de pensar hacia dónde va el Quindío y en tener un
acuerdo sobre ello. Sería atrevernos a soñar lo que podemos llegar a ser como
grupo humano si aprovecháramos las oportunidades y nuestra capacidad de innovar.
También en
ocasiones he reflexionado sobre los pocos ejercicios de prospectiva o estudios
de futuro que tuvimos y que jamás se ejecutaron por falta de apoyo político. Igualmente
he señalado que los llamados planes de desarrollo municipales y departamentales
enmarcados en la Ley Orgánica del Plan de Desarrollo (Ley 152 de 1994) solo tienen
objetivos y acciones de corto plazo (para 4 años) y un plan de inversiones que de
ninguna manera los aproxima a una práctica de planeación territorial. Esto se evidencia
al observar que los ocho planes de desarrollo departamentales y los 96
municipales formulados en el Quindío desde la expedición de la ley no transformaron
en esencia al departamento, esto sin contar los planes y esquemas de
ordenamiento territorial municipales, los planes de ordenamiento y manejo de
cuencas hidrográficas y otros como los de ciencia y tecnología, competitividad
e innovación, exportación, turismo y muchas otras iniciativas que al final quedaron
en deuda con el territorio.
Creo que por carecer
de un estudio de futuro pensamos equívocamente que nuestras necesidades y problemas
son responsabilidad de la Nación, esto explicaría el porqué nos concentramos en
captar recursos públicos para inversiones que por lo general son en
infraestructura, propósito que acapara gran parte de nuestras discusiones. Además
de esto, algunos plantean la necesidad de rescatar y fortalecer la caficultura,
especializar el turismo, construir una plataforma logística de transporte; pensar
en agroindustria y cosas similares que casi siempre obedecen a visones
sectoriales más que colectivas.
Sin embargo, no
debemos perder de vista que todo esto sucede en medio de un escenario global
incierto donde se cocinan cambios de modelos políticos y económicos. Y es que
no somos inmunes a las consecuencias de la pandemia del Covid-19, al
enfrentamiento por la hegemonía tecnológica entre los EE.UU y China, al cambio
climático, a la transición energética, a la invasión de Rusia a Ucrania, a la
interrupción de las grandes cadenas de suministros, a la relocalización de la
producción industrial, a la Cuarta Revolución Industrial y las disrupciones tecnológicas,
al envejecimiento de la población, a la crisis de los mercados, al aumento de
la inflación, a las migraciones, a la polarización política entre izquierdas y
derechas y a muchas otras cosas que nos afectan y que deberían inducirnos a
cambiar nuestra forma de actuar y las estrategias de desarrollo. Así que mientras
el país y el mundo convulsionan, pareciera que nos sintiéramos a salvo entre La
Línea, al oriente, el río La Vieja, al occidente, y el río Barbas, al norte.
«Identificar
hechos portadores de futuro como sucesos que anuncian las tendencias que tomarán
fuerza con el potencial de conducirnos a destinos deseados».
Pero regresemos a
la prospectiva como medio para identificar futuros posibles y, entre ellos, cribar
los futuros probables y deseables, y también para identificar hechos
portadores de futuro como sucesos que anuncian las tendencias que tomarán fuerza
con el potencial de conducirnos a destinos deseados. Implican una mirada
del presente con visión de mañana, es intentar visualizar lo que le sucederá a
una variable en el futuro inmediato o de mediano plazo. Es disponer de miradas
globales a través de la vigilancia tecnológica y la inteligencia competitiva
para detectar alertas tempranas y señales cargadas de información que pueden
ser útiles en lo económico, tecnológico, político, cultural y ambiental para anticipar
riesgos y aprovechar oportunidades. Pero es, ante todo, contar con la
información y conocimientos necesarios para imaginar y hacer realidad la
modernización del Quindío, concebida esta como la transición progresiva para avanzar
desde una sociedad premoderna o tradicional, como la nuestra, a una sociedad
moderna. En pocas palabras, es alcanzar niveles de desarrollo y bienestar similares
a los que tienen aquellos países que ya lo lograron.
Leer: Un centro de pensamiento para el futuro del departamento.
No me cabe duda de
que preguntarnos sobre la modernización es aceptar el debilitamiento de los
paradigmas tradicionales, es ser conscientes que enfrentamos enormes retos que
requieren de nuevas ideas políticas y de modelos mentales con cosmovisiones
renovadas. Tengamos en cuenta que las herramientas analíticas usadas en el pasado
para tomar decisiones, aunque hayan servido, flaquean en el mundo moderno. De
ahí que precisemos de nuevas herramientas analíticas fruto del contexto socioeconómico
en el que vivimos y del escenario de conocimiento tecnológico y científico hacia
el que nos movemos.
Es hora de
reaccionar, es tiempo de proyectar un territorio de gran potencial y enormes oportunidades.
Es el momento de apostarle a la modernización del departamento para que lo
por venir no sea la prolongación del presente, pues la historia nos juzgaría de
pusilánimes.
Me resisto a
pensar que no seamos capaces de construir una mejor versión del Quindío.
Armando
Rodríguez Jaramillo
arjquindio@gmail.com /
Twitter: @ArmandoQuindio


De nuevo gracias Carlos por tus opiniones valiosas.
Excelente análisis para poner los pies sobre nuestra tierra Quindiana, teniendo claro el panorama de la necesidad imperiosa de trabajar con estrategia Prospectiva en el desarrollo de nuestro departamento, queda la tarea de articilar esfuerzo entre los representantes de las diferentes instituciones, que tienen la, responsabilidad no sólo de planear sino tbien de ejecutar acciones que hagan realidad el desarrollo social y productivo de los, quindianos, a la par de otras regiones más adelantadas y muy cercanas a nosotros…