La ciudad está enferma porque se volvió
una adicta compulsiva del caos y la anarquía.
En los últimos días he estado
reflexionando sobre Armenia, no sé si por causa de esta pandemia desenfrenada o
porque sencillamente la llevo en el corazón, y concluí que algo pasa en mi ciudad
o más bien que algo no pasa en ella. No logro comprender qué sucedió para que
los armenios y sus gobernantes permitieran su degradación paulatina al
punto que lo coyuntural se volvió estructural. Cualquiera que transite por sus
calles se da cuenta de que algo no funciona, que las cosas no están en su
sitio. Se tendría que ser miope, indiferente o insensible para pasar por alto
lo que en ella ocurre y no se soluciona.
Ir por sus vías en las primeras horas
del día es encontrar a numerosas personas que amanecen a la intemperie en un estado
de abandono extremo que cuestiona todo concepto de dignidad humana.
Cuando se camina por lugares como la peatonal de la Calle Real, los parques de Sucre
y Los Fundadores, la plazoleta del CAM y hasta por la emblemática plaza de Simón
Bolívar donde se halla la gobernación del Quindío, es como si se observara por
un caleidoscopio el conjunto diverso y cambiante de nuestra condición humana:
buhoneros con sus chazas, carretas y ventas de tintos y llamadas, jíbaros y
drogadictos, desplazados sin rumbo, mendicantes, prostitutas, ladronzuelos,
rebuscadores, cantantes con sus melodías, ancianos callejeros, indígenas con niños
en el suelo y no sé cuántas otras más expresiones de la realidad humana que al
parecer no llegan al alma colectiva porque se volvieron paisaje.
Pasar por la zona centro es entrar a
un mundillo de caos y desorden, de anarquía y barullo, de ilegalidad y
desgobierno. No hay palabras ni eufemismos ni metáforas ni realismo mágico que
describan en lo que se transformó el corazón de la ciudad, en particular si
uno se aproxima al sector que fue la galería central y donde ahora están las sedes
de la alcaldía y del concejo municipal. Y
ni pensar en transitar por sus calles al caer la penumbra porque si de día hay
desorden en la noche el lugar se vuelve territorio de nadie.
Y haciendo caso omiso de otras
manifestaciones de deterioro como son el estado de las vías, el caos vehicular,
las obras inconclusas, las basuras, la contaminación hídrica, las zonas verdes,
la inseguridad y la corrupción, pues no hay espacio para tanto tema, pienso que
la ciudad está enferma y que además no le interesa sanar pues se volvió una adicta
compulsiva del caos y la anarquía en medio de los códigos tácitos que
imponen la ilegalidad, la informalidad, el descontrol y la falta de autoridad.
El significado de guirigay
El diccionario de la Real Academia de la
Lengua trae dos definiciones para la palabra guirigay: «gritería y confusión que resulta cuando
varios hablan a la vez o cantan desordenadamente» o «lenguaje oscuro y difícil de entender». Lo curioso es que ambas acepciones encajan para la Ciudad
Milagro, en ella todos
son dueños de nada y reclaman para sí un pedacito de ciudad, en ella todos hablan
al unísono en estridente algarabía queriendo imponer su propio alegato para no
oír a los demás, en ella el lenguaje de ciudadanos y autoridades es oscuro y
difícil de entender.
Esta realidad de Armenia me trae a la
memoria una historieta del incomparable Quino donde Mafalda pregunta: «¿Hacia dónde creen ustedes que se dirige la ciudad?» Y Felipe y Manolito, sentados uno enfrente al otro, cara a
cara, responden mientras se señalan con su dedo índice: «Hacia adelante por supuesto». Pero como se están mirando a los
ojos, se trenzan en una ardua discusión pues el adelante de uno es lo opuesto para
el otro, al punto que uno de ellos grita airadamente: «¡Tu adelante no es mi adelante!». Desconcertada Mafalda, sin saber qué
hacer, exclama: «Empiezo a comprender por qué a la
ciudad le cuesta tanto ir hacia adelante».
Armando Rodríguez Jaramillo
@arj_opina
@quindiopolis


A pesar de todo, sigo con optimismo pensando que vamos a construir colectivamente la Armenia del futuro. No es una utopía, es una visión basada en la voluntad de cambio.
Una excelente descripción de lo que sucede en Armenia. Lo triste es que todos nos acostumbramos a este guirigay y creemos que así debe ser. Error.