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Risco de Peñas Blancas en Calarcá (Quindío)

  

«Con estos elementos, más que pretender dar por
terminado un largo y emocionante debate, aspiro a dejar planteada la necesidad de
[…] desentrañar el origen de la toponimia local».

 

El escritor e historiador Jaime Lopera
Gutiérrez, exgobernador del Quindío y compañero de silla en la Academia de
Historia de este departamento, escribió hace unos años (2 de agosto de 2015) el
artículo Los símbolos del Quindío, categoría
en la que incluyó a Peñas Blancas como risco que se yergue cual atalaya de la hoya
del Quindío desde Calarcá. Sobre el particular dijo:
 

«Con el tiempo
se ha venido destacando la leyenda del sitio denominado Peñas de Barragán,
luego Peñas Blancas, que un geógrafo viajero, F. J. Vergara y Velasco, en su
libro “Nueva Geografía de Colombia, realmente había bautizado
en 1901 con el nombre de El Ojo de Santa Catalina, “mojón de la línea más corta
de Bogotá al mar».

Vergara y Velasco venía
cabalgando desde Cali por la orilla oeste del rio Cauca cuando, al llegar a
nuestra comarca subiendo por el río Quindío, se fue topando con la vista de esa
roca blanca que domina desde todos los confines de nuestro departamento a 1.800
metros de altitud. Una peña de 280 metros, el Ojo de Santa Catalina, que sirve
a los deportistas escaladores al lado de la quebrada Espatillal, es hoy en día
una figura que además evoca, mitológicamente, un supuesto tesoro escondido de
los pijaos en esos riscos que se alzan sobre el corregimiento de La Virginia».

  

«Debo confesar que no
comparto este relato por demás encantador y sugestivo».


Debo confesar que no comparto
este relato por demás encantador y sugestivo, postura que me ha llevado a un prolongado
debate epistolar, la mayor de las veces. Hace poco, en una aplicación de
mensajería, Lopera insistió en su tesis de que Peñas Blancas fue bautizado por
Vergara y Velasco como el Ojo de Santa Catalina a su paso por estos lares en
1901, enfatizando que «persiste en esa versión, aunque Armando Rodríguez tiene
otra».

Entonces me di a la tarea de desempolvar
documentos, si es que esto aplica a la búsqueda de archivos refundidos en un
disco duro, para hojear La nueva
geografía de Colombia
del geógrafo colombiano Francisco Javier Vergara
publicada en 1888, cuya segunda edición se inició en 1890 y se terminó en 1892.
Según esta fuente, la misma citada por Lopera Gutiérrez, pero con diferente
año, en el capítulo relacionado con la orografía de la cordillera del Quindío (hoy
cordillera Central), luego de la descripción que hace de varios volcanes y
páramos entre los departamentos de Cauca, Huila, Tolima y Valle del Cauca, se
lee: «
… aquí se alza de nuevo de un modo
repentino la cumbre y sustenta el agrio páramo de Barragán (4.000) que tiene al
ocaso el de Miraflores (3.700) y es señoreado por el pico particular del ojo de
Santa Catalina (4.900), el más pequeño de nuestros nevados. Apoyándose en esta
mole se inclina al oriente y alza el páramo de Cumbarco (3.500) y la áspera
montaña de Calarma (3.400), que está en el vértice de un ángulo, puesto que de
allí la cumbre tuerce al norte para alcanzar las breñas del Quindío» (Pág. 69).

También consulté la
cartografía del Complejo de Páramos Las Hermosas y de los Páramos Chilí –
Barragán publicadas en 2012 por el Ministerio del Ambiente y Desarrollo
Sostenible y el Instituto de Investigación de Recursos Biológico Alexander von
Humboldt a fin de compararlas con aquella
descripción de final del siglo XIX
. Entonces, teniendo en cuenta que el texto
citado inicia: «
… aquí se alza de
nuevo de un modo repentino la cumbre y sustenta el agrio páramo de Barragán
(4.000)», es
evidente que el autor se refiere, con metáfora incluida, al macizo de Barragán
que se encuentra al poniente de la cordillera Central, en el corregimiento de
Barragán, municipio de Tuluá
, territorio que nada tiene que ver con el río
Barragán que sirve de límite a Sevilla (Valle del Cauca) y Génova (Quindío).

De forma que, situados en el
macizo de Barragán y en el páramo del mismo nombre, se tiene al occidente (o
sea al ocaso) el páramo de Miraflores donde Francisco Javier Vergara localizó
el pico que llamó el ojo de Santa Catalina a 4.900 metros de altura. Esto coincide
con lo dicho por Lopera en su texto, que el ojo de Santa Catalina es el «mojón
de la línea más corta de Bogotá al mar», pues por siempre se ha considerado que
la ruta más expedita para llegar al océano Pacífico desde Bogotá es por el
páramo de Las Hermosas.

Siguiendo con la descripción,
Vergara nombra al oriente el páramo de Cumbarco que se halla entre Génova
(Quindío), Sevilla (Valle del Cauca) y Roncesvalles (Tolima), y más al oriente,
en el municipio de San Antonio, la montaña de Calarma, para culminar diciendo que
«de allí la cumbre se
tuerce al norte
para alcanzar las breñas del Quindío» en
alusión a las montañas del departamento que hoy lleva este nombre.

  

«Esto prueba que el ojo de Santa Catalina, mencionado
por el geógrafo decimonónico, estaba en jurisdicción del municipio de Tuluá
».

 

Esto prueba que el ojo de Santa Catalina, mencionado
por el geógrafo decimonónico, estaba en jurisdicción del municipio de Tuluá a
una supuesta altura de 4.900 metros (exagerada por demás), lo cual dista del risco
de Peñas Blancas y de su entorno montañoso en Calarcá, territorio que no
corresponde a ningún ecosistema de páramo pues su altura escasamente supera los
2.000 m.s.n.m. y su ubicación está por fuera del eje de la cordillera Central de
la que lo separa un profundo cañón por el que discurre el río Santo Domingo.

Con estos elementos, más que pretender dar por
terminado un largo y emocionante debate, aspiro a dejar planteada la necesidad de
ahondar en los nombres de nuestros municipios, corregimientos y veredas, ríos,
montañas y demás puntos geográficos con el fin desentrañar el origen de la
toponimia local. Sobre esto quiero hacer
especial énfasis en profundizar en la génesis del nombre Quindío
, el cual se
usó para designar a una tribu precolombina (Quindos) de la que poco se sabe,
para la Cordillera del Quindío o Montañas del Quindío antes que se llamaran cordillera
Central, para el Camino del Quindío o Paso del Quindío entre Ibagué y Cartago
pasando por Salento y Filandia, para nombrar la provincia o municipalidad del
Quindío en el siglo XIX y hasta para la hoya del Quindío antes que fuera creado
el departamento que lleva su nombre. Sin dejar de lado, claro está, la tesis de
otro compañero de la Academia de Historia, Germán Medina Franco, respecto a que
el vocablo Quindío significa colibrí y proviene de la lengua andina quechua.    

 

Armando Rodríguez Jaramillo

arjquindio@gmail.com  /  @ArmandoQuindio

6 Comentarios

  • Muy agradecidos por compartirnos sus saberes,investigaciones tanto historicas como geograficas.
    Profunda admiracion hacia esa noble tarea.
    GRUPO CULTURAL LA CIENCIA
    Armenia Quindio

  • Gracias por el comentario Carlos Eduar. Peñas Blancas siempre ha sido objeto de leyendas que se entretejen con la realidad.

  • Excelente ANÁLISIS, muy bien explicado sobre le nombre de la bella peña del Quindío…GRACIAS ……soy JOSÉ MIGUEL

  • Interesante como siempre sus apasionantes relatos Doctor Armando Rodríguez y este en particular nos lleva visibilizar algunas de las realidades sobre la mítica peñas blancas que desde niño observé día a día estando en la calle 50 contiguo a, la Cárcel San Bernardo, donde nací y crecí y cuyos vecinos siempre decían que allí se encontraba oculto un gran tesoro de los indios, gracias por este nuevo viaje a través de la historia, del Quindío.

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