«Al estar dotada de historia, contenido e identidad, Armenia es mucho más que un conjunto de edificios y calles».
La mayoría vivimos
en ciudades donde interactuamos en función de trabajo, estudio, trámites,
comercio, esparcimiento, deporte o tan sólo paseando como peatones. Sin
embargo, pocos se preguntan qué es eso llamado ciudad, ese espacio vital donde
transcurre buena parte de nuestras vidas.
El diccionario de
la RAE define ciudad como el «Conjunto de edificios y calles, regidos por un
ayuntamiento [administración municipal], cuya población densa y numerosa se
dedica por lo común a actividades no agrícolas», y también como un
nombre femenino para indicar «lo urbano, en oposición a lo rural», acepciones,
además de generales, obvias. Por su parte Wikipedia la define como «un espacio
urbano con alta densidad de población, en la que predomina el comercio, la
industria y los servicios. Se diferencia de otras entidades urbanas por
diversos criterios, entre los que se incluyen población, densidad poblacional o
estatuto legal», definición tan general como las anteriores. Sin embargo, prefiero las descripciones
que tienen alma, como esta otra que trae la mencionada enciclopedia virtual: «La ciudad es una
realidad física, tangible. Pero también es, inequívocamente, una construcción
social: es el proyecto de una sociedad, de un lugar y un momento determinado,
con su ideología, su cultura, su ética y sus valores, sus relaciones sociales
en interdependencia con una economía siempre compleja».
De ahí que, al estar
dotada de historia, contenido e identidad, Armenia es mucho más que un conjunto
de edificios y calles. Su pasado nos dice que una fue la ciudad antes del
terremoto de 1999 caracterizada por su espíritu cívico, por su cultura, ética y
valores ciudadanos, y por su forma de entender la política y administrar lo público;
y otra diferente es la metrópoli de los últimos 25 años con su desorden urbano y
el desbarajuste social, económico y político que la aqueja. Es decir, nos
encontramos ante una gran desorganización que arrastra tras de sí una crisis sin
precedentes.
Creo que navegamos por
aguas desconocidas sin que seamos conscientes de esta grave situación. Cuando el
hombre y la sociedad se hallan ante contextos alarmantes y sin precedentes,
tienden a buscar en las experiencias del pasado algo útil que los ayude a salir
del aprieto. Pero como el enredo actual no tiene antecedentes, enfrentamos a un
enorme desafío sin propuestas ni soluciones claras. Tal vez, en parte, esto
sucedió por dedicar muchos esfuerzos a realizar lo obvio e innecesario, lo que
no era fundamental, mientras algunos con capacidad de decisión ignoraron el interés
público y se concentraron en los beneficios particulares. Entonces la ciudad
acumuló obras inconclusas, barrios marginales, tráfico insufrible, andenes
ocupados, construcciones descontroladas, inseguridad rampante, desigualdades
evidentes y todas las demás cosas que la convirtieron en una urbe caótica pese a
que sólo tiene algo más de 300.000 habitantes.
Al transitar por sus calles,
avenidas, aceras, parques y espacios públicos se nota desorden, caos y
anarquía, se observa angustia ciudadana ante la dejadez general, se percibe déficit
de autoridad y se siente indiferencia cívica. Por acá y acullá, en restaurantes
y cafés, en mentideros y corrillos, en parques y espacios públicos, en
reuniones laborales y sociales, y también en los hogares, hay hartazgos ciudadanos
ante una situación que dejo de ser coyuntural para tornarse estructural.
Entonces muchos se preguntan: ¿Qué hacer? ¿Qué camino se supone debemos coger?
¿Qué nos pasó como sociedad? ¿Cuándo perdimos el rumbo? ¿Cuánto más durará este
desorden? ¿Seguirá siendo Armenia nuestro hogar?
Pero en medio de este desespero
no se ven soluciones pues se actúa más sobre los síntomas que sobre las causas de
los problemas. La frase de Albert Einstein [1879 – 1955]: «Si buscas resultados
distintos no hagas siempre lo mismo», invita a buscar soluciones de fondo que
conduzcan a un nuevo contrato cívico que fortalezca esta sociedad, sería
una especie de New Deal [nuevo acuerdo] para Armenia como lo hizo Roosevelt con
EE. UU cuando la Gran Depresión en los años treinta del siglo pasado.
A cada generación le
corresponde templar la voluntad y afilar la imaginación ante las dificultades y
problemas que debe enfrentar. Es evidente que este caos de ciudad ha generado
incertidumbre, pero también es cierto que en el pasado demostramos que somos un
pueblo resiliente con capacidad de sobreponernos a las adversidades y salir
adelante. ¡Basta ya de inmovilismos cívicos! La verdadera inteligencia
colectiva radica en hacer causa común, sembrar esperanza y crear confianza
ciudadana, pero también en impulsar nuevos liderazgos que nos lleven a pensar
en una nueva ciudad con oportunidades para todos.
Hoy, más que nunca,
necesitamos visionarios de futuros y hacedores presentes.
Armando Rodríguez
Jaramillo
Correo: arjquindio@gmail.com / X:
@ArmandoQuindio / Blog: www.quindiopolis.co


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