«A los futuros mandatarios les
corresponderá conseguir que la gobernación y la alcaldía de Armenia trabajen de
forma concertada y colaborativa, no solo entre ellos, sino también con los demás
municipios».
Reflexionar acerca de Armenia
es algo con lo que me siento a gusto, pero que de ninguna manera puedo
calificar de fácil y simple. La Ciudad
Milagro, como se le conoce desde los años treinta, tuvo un acelerado
crecimiento gracias al café y a la conexión ferroviaria con el puerto de
Buenaventura a partir de 1927, hechos que convirtieron al incipiente municipio
en un centro de acopio, trilla y exportación del grano.
El vertiginoso
crecimiento de la ciudad se evidencia en los datos estadísticos que dan cuenta
que entre los censos de 1918 y 1938 se pasó de 17.406 a 50.383 habitantes con
un aumento de 189% en sólo dos décadas, y que entre 1938 y el último censo del
DANE en 2018 se pasó de 50.383 a 295.208 habitantes con un crecimiento de 486%
en un periodo de ocho décadas. Este relevante incremento demográfico impulsó la
expansión urbana, en particular a partir de los noventa, provocando cambios de usos
de suelos agropecuarios por actividades de turismo, servicios, recreación,
agroindustria, industria y viviendas campestres que indujeron procesos de conurbación
con municipios como Calarcá, Circasia, La Tebaida, Montenegro y Quimbaya.
Estos hechos, que
cambiaron la geografía económica, social y ambiental, consolidaron a Armenia
como un conglomerado urbano con características metropolitanas donde viven
cerca de medio millón de habitantes que demandan bienes y servicios ambientales,
al tiempo que causan deterioro y contaminación por las actividades que realizan
sobre el territorio que ocupan y comparten. De ahí que sea procedente considerar
a Armenia y a los municipios circunvecinos como un espacio geográfico compartido
con pasados comunes y futuros por consensuar. Lo expuesto nos dice que se pasó
de una ciudad complicada a una urbe compleja, transformación que
demanda un modelo de gestión del territorio pendiente de construir.
Para este fin, son útiles
algunas ideas de la teoría de la
complejidad que permiten delimitar los campos de los sistemas complicados y
complejos, pues por lo general se habla de forma indistinta de uno y de otro,
cuando en el fondo son diferentes. Edgar Ortegón Quiñones señala en su libro Prospectiva y planificación en la era de
la inteligencia artificial en América Latina y el Caribe. ¿Cómo salir del entrampamiento?
(2022) que «un
sistema complicado es aquel que tiene muchos elementos diferentes entre sí,
poca estructura y pocos niveles; este sistema puede ser dividido en sus partes
y reconfigurado nuevamente. Por ejemplo, el motor de un auto, un reloj, un
crucigrama o todas las máquinas creadas por el hombre son sistemas
complicados».
De otra parte, «en un sistema
complejo prevalece la interacción y la interdependencia de sus componentes con
sus efectos multiplicadores positivos y negativos; sus componentes se adaptan
mediante el aprendizaje y la evolución y no dependen del número de elementos en
juego, sino de su relacionamiento y la densidad de sus relaciones. Ejemplos de
sistemas complejos son el cerebro y la conciencia humanos, con las interacciones
de sus redes neuronales; el lenguaje natural, la sociedad, la política, el
sistema de salud, el tráfico urbano, la conducta del hombre o el medio
ambiente».
En consecuencia, los sistemas
complicados pueden ser explicados mediante relaciones lineales de causa-efecto:
un sistema se puede descomponer en sus partes básicas constitutivas y luego ser
armado nuevamente. Pero los sistemas complejos tienen una característica
fundamental: no lineal o no proporcionalidad, pues son sistemas abiertos, no
cerrados como los complicados, por lo que las partes interactúan dando lugar a
algo completamente nuevo o diferente. Esto hace que el todo sea distinto o
mayor que la suma de las partes.
Daniel Innerarity, citado por Ortegón Quiñonez en su libro, dice: «Un sistema
es complejo cuando no basta con describir sus componentes para entenderlo en su
totalidad, de manera que hemos de considerar también las interacciones que
tienen lugar entre sus elementos y con su entorno».
Partiendo de estas consideraciones,
es obvio que la Armenia del siglo XX era una ciudad complicada donde sus
problemas y desafíos se podían abordar y solucionar de forma individual y
lineal. Los problemas de acueducto, movilidad, salud, seguridad, educación,
espacio público y tantos otros se solucionaban con proyectos de acueducto,
movilidad, salud, seguridad, educación y espacio público. Pero en el siglo XXI
las cosas cambiaron diametralmente, la ciudad creció y sus límites urbanos,
socioeconómicos y ambientales se juntaron y se entrelazaron con los limites
urbanos, socioeconómicos y ambientales de los municipios vecinos. Así las
cosas, la ciudad hizo tránsito de complicada a compleja y no es
posible diferenciar sus problemas porque estos son pluridimensionales y multicausales, y no se pueden
abordar por partes.
«… la ciudad creció y sus límites urbanos, socioeconómicos y
ambientales se juntaron y se entrelazaron con los limites urbanos, socioeconómicos
y ambientales de los municipios vecinos».
En conclusión, Armenia no puede remediar
por si sola sus dificultades de vías y transporte, ni de manejo de cuencas
hidrográficas y oferta de agua, ni de acueducto urbanos y rurales, ni de contaminación
hídrica y disposición de basuras, ni de producción y empleo, ni de usos del
suelo y formulación de POT, ni de seguridad y convivencia, ni de educación y salud.
Las soluciones a estos problemas son integrales y deberán ser consensuadas entre
Armenia, los municipios vecinos y el departamento. El territorio compartido
pasó de complicado a complejo por lo que superar las dificultades
y enfrentar el desarrollo requiere, si o si, un cambio de mentalidad y de
modelo político.
A los futuros mandatarios les
corresponderá conseguir que la gobernación y la alcaldía de Armenia trabajen de
forma concertada y colaborativa, no solo entre ellos, sino también con los demás
municipios. Tarde o temprano tendrán que aceptar que comparten un territorio
conurbado con características metropolitanas y ambientales que se debe administrar
conjuntamente. Seguir cada uno por su lado, es continuar haciendo lo que ya
sabemos que no funciona: tratar de abordar problemas complejos como si
fueran problemas complicados.
Armando Rodríguez Jaramillo
Correo: arjquindio@gmail.com
/ Twitter: @ArmandoQuindio / www.quindiopolis.co


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