| Foto tomada de la web de la Uniquindío. |
«Desde el Instituto de Bellas Artes se ha tejido buena parte de
la historia cultural y artística del Quindío en las últimas tres décadas».
Cuando recibí la invitación para la presentación de la
revista conmemorativa Bellas Artes 30 años de la Universidad del Quindío
de inmediato confirmé mi asistencia. El acto se realizó a las 7 de la noche del
viernes 3 de mayo en la sede del Instituto de Bellas Artes en el centro de la
ciudad, edificio construido en 1932 para Rentas Departamentales de Caldas por
Antonio Bernardi De Fina y Lino Jaramillo.
Poco antes de la hora señalada, en compañía de Claudia,
mi esposa, ingresé a ese lugar con historia por unas escalas que conducen al
hall principal en el segundo piso, espacio enmarcado por un corredor perimétrico
en el tercer piso y rematado por una bóveda que crea un vacío monumental. Este
edificio se hizo en ferroconcreto, técnica constructiva que por los años
treinta impactó a una ciudad hecha en bahareque.
A la entrada recibimos un ejemplar de la revista, de excelente
edición y fotografía a color, que contiene catorce textos sobre el Territorio,
Mujeres en el arte, Nuevas culturas y algunas entrevistas. En sus páginas
centrales se hallan 28 fotos con los nombres de los que laboran en las áreas de
artes plásticas, teatro y música, y de los que desempeñan cargos administrativos,
dejando entrever una mezcla de juventud y madurez que emociona, sentimiento
solo superado por los rostros de tantos jóvenes estudiantes que en aquel
vestíbulo iban y venían con un dinamismo contagioso.
En sus primeras hojas se encuentra Panorama Histórico,
texto en el que la periodista Alejandra Ovalle Peñuela nos dice que el acuerdo
que dio vida al Instituto de Bellas Artes es de 1993 en la rectoría de Henry
Valencia Naranjo, fallecido el pasado 29 de diciembre en Manizales. El artículo
rescata los nombres de su primer director, Mario Ramírez Monard [1994 – 1998],
que por aquellos años contó con la colaboración de Álvaro Pareja y Martha
González, y nombra a los que le precedieron: Laura Victoria Gallego Mejía [
1998 – 2005], Gustavo Giraldo García [2006 – 2014], Mildred Eugenia Gutiérrez [
2015 – 2016] y Sebastián Martínez Castro [ 2016 – Hoy]. Luego se refiere a la
evolución del instituto que con los años consolidó una planta profesoral de
alta formación, ofreció cursos alrededor del arte y creó el pregrado en Artes
Visuales, que junto al pregrado de Música instrumental que abrirá su primera
cohorte en próximo año, han marcado su desarrollo al pasar de 150 estudiantes
por semestre en 2016 a 423 en la actualidad. Todo esto hace que la Facultad
de Ciencias Humanas y Bellas Artes es el otero de las humanidades, la cultura y
el pensamiento crítico de la región.
Un aspecto por destacar es el compromiso de la administración
en los procesos de cambio y de renovación académica, infraestructura y dotación.
Sobre esto, el rector Luis Fernando Polanía Obando señala la existencia de «una
oferta de formación incluyente, dinámica y de alta calidad, que crece […] en
favor de la configuración del pensamiento y las entidades del departamento»; al
tiempo que destaca la creación de la Banda Sinfónica como «ejemplo de
crecimiento cultural y formación integral para nuestros estudiantes», y termina
por afirmar que «no dejaremos de soñar el futuro desde el Instituto de
Bellas Artes».
Aquella velada cultural con educadas voces y selectas
interpretaciones musicales me hizo pensar de nuevo en la necesidad de
fortalecer los espacios para el arte y la cultura en Armenia. Si bien hay significativos
avances en estos frentes como lo dice la periodista Viviana Barrero Hernández en
la última página de la revista, creo que es tiempo de dejar a un lado esta
resignación ciudadana que nos invadió y darle salida a tantos proyectos
inconclusos y sueños frustrados. Sin más retrasos ni disculpas, Armenia merece
tener teatro municipal, casa de la cultura y biblioteca pública con
cobertura departamental. Asimismo, hay que destrabar de una vez por todas el
Centro Cultural Metropolitano en la Estación Armenia que lleva una
década abandonado y dotar a la ciudad de un moderno centro de eventos en lo que
alguna vez fue el Circo Teatro el Bosque o plaza de toros, y que se cae
a pedazos ante la desidia oficial.
Al final del acto recordé que hace un par de semanas, con
motivo de la entrega del libro «Historias de la Bernadi», Isabella Prieto
Bernardi, su escritora, recordó las construcciones que su abuelo Antonio
Bernardi levantó en los años treinta del siglo XX como lo fueron el teatro
Yanuba, el colegio y la capilla de la Bethlemitas y el Orfanato entre otras, además
de la Estación Armenia y la Plaza de Mercado implosionada luego del terremoto
de 1999, ambas Monumento Nacional. En esa ocasión, la susodicha escritora y la Academia
de Historia del Quindío propusimos solicitar la declaratoria de monumento
nacional para el edificio del Instituto de Bellas Artes, inmueble donde funcionó
la Alcaldía de Armenia y empezó la Universidad del Quindío.
Al culminar el acto cultural, ya en el andén, alcé la vista
para admirar los cuatro pisos de la fachada
del Instituto de Bellas Artes, edificio que desde hace nueve décadas forma
parte del centro fundacional de la ciudad y de su memoria urbana, y donde se
ha tejido buena parte de la historia cultural y artística del Quindío en las últimas
tres décadas.
Armando Rodríguez Jaramillo
Correo: arjquindio@gmail.com / X: ArmandoQuindio / Bolg:
www.quindiopolis.co


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