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En su artículo Enjambre de opiniones [El País de Madrid, 01-09-2023], la escritora Irene Vallejo Moreu
[Zaragoza, España, 1979] cita una fábula de Esopo que ilustra
cómo las personas tienen más opiniones y juicios que contemplaciones: «Dos
labradores, padre e hijo, se dirigían a un mercado con un burro para que
cargase las compras al regreso. Tirando del animal por las riendas, echaron a
andar. “Vaya par”, comentaron dos desconocidos, “ellos que tienen caballería van
a pie. Qué mal repartido está el mundo”. Al oírlo, el padre ordenó al chiquillo
que subiera a lomos del borrico. “Lo que hay que ver”, opinaron entonces unos
campesinos que seguían la misma ruta, “el joven va cómodo mientras al padre le
falta el aliento. No sé cómo lo consiente”. Entonces el labrador, avergonzado,
hizo bajar al hijo para auparse él. “Parece mentira que haga trabajar así al
pobre niño”, escuchó a un grupo de viajeros. Ofendido, montó al pequeño en la
grupa, detrás de él. “Ahora ya no podrán decir nada”, pensó triunfante. Se
equivocaba. Una voz taladró sus oídos: “Fíjate, no pararán hasta que el burro
reviente”».

La RAE define la palabra fábula como
un «breve relato ficticio, en prosa o verso, con intención didáctica o crítica
frecuentemente manifestada en una moraleja final, y en el que pueden intervenir
personas, animales y otros seres animados o inanimados», marco apropiado para señalar
que las fábulas de este personaje griego, que se ubica cerca al año 600 antes
de la era común y del que no se tiene certeza que haya existido, se
convirtieron en citas preceptivas para la humanidad. Esopo nos habla desde la
antigua Grecia para decir que nos despojemos de ese prurito de andar dando
opiniones, lanzando juicios y esgrimiendo críticas sobre los demás sin conocimiento
ni contemplación alguna.

No sé si por estar instalados en el
pedestal del ego o acomodados en el zócalo de la ambición muchos inician sus conversaciones
con el pronombre personal en singular «yo» y no con el pronombre personal en
plural «nosotros». Y es que no pocos, que se sienten poseedores de la razón, tienden
a considerarse más atractivos e inteligentes que el promedio y con licencia
para hacer juicios sobre las personas ya sea por su apariencia, color de piel,
ideas, creencias, proveniencia, edad, nivel social, riqueza y muchas otras
características. De ahí que expresen veredictos y emitan juicios con apariencia
de verdad con el fin de rotular a otros como en la fábula de Esopo.
    

Por lo general, en la vida real y en
la digital asignamos etiquetas a los que piensan diferente y nos llevan la
contraria acumulando más veredictos que verdades y negándonos a escuchar sus
argumentos, forma de ser que produce tensión entre amigos, familiares y
compañeros de trabajo con los que deberíamos esforzarnos para comprender la otredad.
En todo caso, parece que el objetivo no fuera el buscar puntos de encuentro, sino
trazar líneas entre ganadores y perdedores e imponer posiciones. Qué
equivocados estamos al participar en este juego y olvidar que somos personas frágiles
y valiosas, movidas por deseos, sentimientos y esperanzas.

Desafortunadamente, todo parece indicar
que, hagas lo que hagas, siempre tendrás cerca a alguien dispuesto a juzgar y criticar
para causar fracturas y disensos
. Poco importa que hayas construido
una catedral o una biblioteca, ya que serás juzgado si se llegara a estropear
una imagen o caer un anaquel.

Finalmente quiero cerrar con el
último párrafo del artículo Enjambre de
opiniones
por considerarlo un
remate apropiado
: «Nos ayudará, cuando los lazos se enmarañan, dejar de
ver mala fe en la opinión ajena, evitar el juicio sumarísimo, aprender a
confiar en la honestidad de los distintos. Y ante las torpezas y tropiezos, el
dedo acusador casi nunca es la mejor medicina. Más sabio que discutir será
divertirse juntos con la variedad de caracteres y actitudes. Cultivar un cierto
sentido de improvisación y experimentación infantil. Si a “juzgar” le quitas
tan solo una letra, podrás jugar.»

 

Armando Rodríguez Jaramillo

Correo: arjquindio@gmail.com  /  X:
@ArmandoQuindio  /  Blog:
www.quindiopolis.co

 

 

 

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