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«Soy demócrata y votaré, pero son tan
limitadas las opciones que tenemos para elegir un buen presidente».


Hace poco escribí el
artículo Debemos cuidar la democracia donde hice algunas reflexiones
sobre la necesidad de resguardar la democracia y la libertad de expresión en
medio de este caos político y ético que erosiona los cimientos de la sociedad y
las instituciones, manifestando que «
todo indica que transitamos por un laberinto con un modelo
político que se desconectó de la sociedad y con una sociedad que se desenchufó
del modelo político
» y que deberíamos «echarle
mano a una buena dosis de inteligencia colectiva para delinear la ruta que hemos
de trasegar y de paso perfilar nuevos modelos de sociedad y desarrollo, además
de otras formas de entender la política»
.

En medio de este desorden y anarquía al parecer las campañas fueron perfeccionando
un manual de estrategias políticas que más se parece a un compendio de malas
prácticas
que incluye tácticas de aniquilamiento moral y de cómo convertirse
en víctima, lo que desdice de quienes rodean a los candidatos y deja ver los
oscuros ambientes en que se mueven las campañas donde el fin justifica los
medios y cualquier método para destruir al adversario es válido porque,
afirman, que lo que hacen no es ilegal (como si todo lo legal fuera ético). Tal
vez ahí está la almendra del asunto, en querer convencer que todo lo que no es
ilegal está permitido
, como si no existieran criterios morales que cumplir,
en especial por aquellos que aspiran a ser presidentes de la República.

De otra parte, creo que los colombianos merecimos candidatos que
participaran en debates serios y con altura donde expusieran sus propuestas para
que fueran discutidas y controvertidas ante la sociedad y la institucionalidad.
El debate era una buena forma de saber lo que harían como gobernantes. Tampoco
fue una buena práctica política la manipulación de los pocos debates con demagogias
y ausencias premeditadas.

De igual forma, nada justificó crear el ambiente de que los candidatos eran
víctima de conspiraciones y también de amenazas contras sus vidas con el fin de
desviar la atención y de paso calentar la tribuna desde esas nuevas ágoras que
son las redes sociales. Actuar pensando en construir país es una cosa, pero hacerlo
para azuzar las barras bravas de la política es otra

Lo paradójico es que este tipo de estrategias que hacen parte del manual de
malas prácticas políticas han sido aplicadas por aquellos que dicen ser portadores
del cambio, de la nueva política y de un país diferente ¿No será que hay mucho
de perverso en esta parafernalia?

 

El trigo, la fábula de Godofredo

Al leer El trigo, fábula del
escritor Godofredo Daireaux (Paris 1849 – Buenos Aires 1916), no pude dejar de
asociarla con la democracia, esa de la que todos se quieren aprovechar para
llegar al poder, pero que pocos quieren fortalecer para garantizar buenos
gobiernos y libertad de expresión. El texto completo de la fábula lo transcribo
a continuación tomándome la libertad de agregar entre paréntesis, luego de
trigo o trigal, la palabra democracia:

 

«Asomaba el sol
primaveral, y bajo sus caricias iba madurando el trigal (la democracia)
inmenso. Los granos hinchados, gruesos, pesados, apretados en la espiga
rellena, hacían inclinar los tallos, débiles para tanta riqueza, y el trigal (la
democracia) celebraba en un murmullo suave su naciente prosperidad.

 

A sus pies, le
contestó una vocecita llena de admiración para sus méritos, alabándolos con
entusiasmo. Era la oruga que, para probarle su sinceridad, atacaba con buen
apetito sus tallos.

 

Llegó una bandada
de palomas, y exclamaron todas: «¡Qué lindo está ese trigo!» y el trigal (la
democracia) no podía menos que brindarles un opíparo festín, en pago de su
excelente opinión.

 

Y vinieron
también numerosos ratones, mal educados y brutales, pero bastante zalameros
para que el trigal (la democracia) no pudiera evitar proporcionarles su parte.

 

Después vinieron
a millares, mixtos graciosos, pero chillones y cargosos, que iban de un lado
para otro, probando el grano y dando su apreciación encomiástica.

 

Y no faltaron
gorriones y chingolos que con el pretexto de librar al trigal (a la democracia)
de sus parásitos, lo iban saqueando.

 

Y cuando el trigo
(la democracia) vio a lo lejos la espesa nube de langosta que lo venía también
a felicitar, se apresuró en madurar y en esconder el grano».


Colofón

Sólo veo incertidumbres en medio de la crisis de liderazgo y de valores
éticos que subsumió a los partidos y a los políticos. Soy demócrata y votaré, pero
son tan limitadas las opciones que tenemos para elegir un buen presidente.

 

Armando Rodríguez Jaramillo

arjquindio@gmail.com   /  
@ArmandoQuindio

2 Comentarios

  • No había visto yo en mis cuatro décadas de uso de razón, tal situación de detrimento de nuestra sociedad; bien lo dice usted Doctor Armando, No hay de donde escoger y peor aún la incertidumbre en la actitud de quienes criticando el sistema optan por llegar al poder pisoteando instituciones, personas y aún mancillando la democracia de un pueblo ávido de cambio, pero de cambio para mejorar, la fábula del trigo que oportunamente usted nos presenta a colación describe la real y grave situación actual de nuestra Colombia querida. A votar y a esperar la reacción de quienes en esta contienda llena de bajezas no alcance su objetivo…

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